Si pudimos recuperar el catalán cuando estaba bastante desprestigiado, ahora podemos seguir logrando otros hitos. Que el inglés se convierta en latercera lengua de Catalunya tiene una gran importancia si queremos dar prioridad a la relación con los demás. Además de abrirnos puertas al comercio y la tecnología (no queremos ser un país solo de hoteles), el inglés nos permite abrirnos al mundo, puesto que es una lengua acostumbrada a absorber el vocabulario y también la pluralidad de conocimientos de los hablantes de centenares de idiomas. Los países de habla inglesa tienen las mejores universidades y centros de investigación. En cualquier universidad norteamericana, británica o canadiense se celebran congresos y seminarios todo el año con los resultados de las últimas investigaciones internacionales. Todos estos avances hacen que el inglés ahora ya pueda ser comparable al latín de antes. Sería un error restarle valor por el hecho de ser la lengua del imperio norteamericano.
Podemos repetir de nuevo el éxito de la inmersión del catalán en las escuelas, ahora con el inglés. Pero no solo lo va a conseguir la Generalitat, es preciso que la gente se entusiasme: escuelas, maestros y asociaciones deben transformar una sociedad que, de dos lenguas, pasará a tener tres, con educación, tantos subtítulos como se pueda y aquel esfuerzo colectivo que sólo llega cuando la gente se enamora, de la lengua o de la Barcelona olímpica.
En las escuelas de Suecia tienen la opción de aprender la historia en inglés, como también lo hacen en Alemania. Nosotros no seremos menos. Pero es que, además, lograremos amar más el castellano y el catalán y, quizá, incluso podamos recuperar el francés. Porque el saber nos convierte en más respetuosos y tolerantes.
10/02/2007
¿El "latín" del siglo XXI?
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